No ofendas.

Una de las únicas verdades que puedo afirmar en mi vida es que las palabras ofensivas que salen de nuestra boca son dañinas, principalmente cuando van dirigidas a nuestros hijos, aun más que un golpe físico; no importa el sentido que le quieras dar a la palabra, si es negativa su efecto siempre será negativo y duradero. A diferencia del golpe, la palabra puede dar vueltas en la cabeza del niño hasta el último día de su vida.

Imagina que tu hijo cuando nace está cubierto de amor hacia ti, cada palabra como: inútil, lárgate de aquí, me desesperas, me tienes harta, burro, cabezón, tonto, y cualquiera que salga de tu boca, poco a poco alejará los besos de tu rostro.

No es fácil dejar de insultar a tu hijo, sé que es desesperante, pero créeme será mucho más fácil a que después intentes convencerlo de que realmente lo amas, y aún mucho más difícil obtener un beso realmente sincero de él, un te amo realmente puro. Las palabras ofensivas son generadoras de miedo, el miedo es el peor enemigo del amor, ten cuidado con lo que sale de tu boca.

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